Sam Bankman-Fried, el pasado 26 de julio a su llegada a un tribunal federal en Nueva York.AMR ALFIKY (REUTERS)

El empresario Sam Bankman-Fried, que hace apenas un año parecía ungido por el éxito del bum de las criptomonedas, se enfrenta desde este martes a un juicio por cargos federales de fraude y lavado de dinero. Fundador de la fallida plataforma de criptomonedas FTX, Bankman (conocido por sus iniciales, SBF) se ha declarado inocente de los seis cargos de los que se le acusa. La selección del jurado será el primer paso de un proceso que se prevé se prolongue seis semanas y que se desarrollará en un tribunal de Manhattan. Se desconoce si el acusado declarará o se acogerá a su derecho a no hablar para no incriminarse, pero el testimonio de varios de sus antiguos socios, que han aceptado colaborar con la justicia, no arroja un panorama muy halagüeño para el acusado.

Bankman llegará a la corte directamente desde la cárcel, después de que a mediados de agosto un juez le retirara la libertad condicional de la que se beneficiaba gracias a una fianza millonaria (250 millones de dólares) y estrictas condiciones de confinamiento, como vivir en casa de sus padres y no disponer de acceso a Internet en el único ordenador portátil que le permitieron usar.

Su fulgurante carrera como emprendedor y gurú de las monedas digitales fue tan vertiginosa como su caída en desgracia. SBF, de 31 años, se enfrenta a cargos federales de fraude electrónico y de valores y lavado de dinero supuestamente en perjuicio de los clientes de su casa de cambio de moneda digital, FTX, y de prestamistas de su fondo de cobertura de criptomonedas, Alameda Research. También se le imputa un delito de violación de las leyes de financiación de campañas políticas en beneficio tanto de demócratas como de republicanos y otro de malversación. Si es declarado culpable, podría arrostrar la pena máxima de 20 años de cárcel. Según los expertos más vinculados al caso, no parece que Bankman tenga muchas oportunidades de salir indemne, ya que tres de sus colaboradores más cercanos en la compañía se han declarado culpables y aceptado declarar en su contra en el juicio. Entre los socios ocupa un papel preminente su exnovia, Caroline Ellison, en su día directora ejecutiva de Alameda, que asumió su culpabilidad en siete cargos penales y colaborará con la fiscalía.

Fue en agosto cuando Bankman-Fried filtró a la prensa mensajes privados de su exnovia, lo que le costó la libertad de movimientos de que disfrutaba en casa de sus padres, en Palo Alto (California). Sus progenitores son conocidos profesores de Leyes en Stanford y están también bajo escrutinio por sus presuntos vínculos con la empresa de su vástago. Tras la filtración, que buscaba desacreditar a los testigos, el juez revocó el confinamiento del joven en la mansión familiar y lo envió a una atestada cárcel de Nueva York, el Centro de Detención Metropolitano.

Sobornos en China

El testimonio de Ellison arrojará luz sobre el funcionamiento interno de FTX, que incurrió en prácticas nada ejemplares como sobornos en China para intentar desbloquear 1.000 millones de su fondo de cobertura bloqueados por las autoridades de Pekín. Ellison alegó al admitir su responsabilidad haberse limitado a seguir instrucciones de su entonces novio.

Los fiscales han acumulado “millones de páginas de pruebas digitales”, con transcripciones, registros financieros y correos electrónicos, y planean presentar unas 1.300 pruebas en el juicio sobre las actividades de FTX, que permitía a los clientes intercambiar monedas digitales por otras digitales o bien por dinero digital, y que tenía además su propia criptomoneda, el FTT. La caída de la que llegó a ser una de las mayores plataformas de criptomonedas del mundo se precipitó cuando el año pasado un importante accionista, Changpeng Zhao, director ejecutivo de Binance, la mayor plataforma mundial del sector, vendió su participación en FTX a Bankman-Fried y expresó su preocupación por la viabilidad de la compañía.

La retirada de Changpeng tuvo un efecto en cadena que provocó un agujero de 8.000 millones de dólares, lo que forzó a FTX a declararse en quiebra el 11 de noviembre. Bankman-Fried, también director ejecutivo de la firma, fue arrestado en Bahamas un mes después y extraditado a EE UU; encarcelado brevemente, logró salir en libertad condicional gracias al pago de la fianza. El colapso de la plataforma forzó sendas investigaciones a cargo del Departamento de Justicia y de la Comisión del Mercado de Valores de EE.UU. (SEC, en sus siglas inglesas; el regulador bursátil de EE UU) en un momento especialmente convulso de la economía estadounidense, pues la crisis de FTX coincidió prácticamente con la quiebra de varios bancos regionales.

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